sábado, 30 de mayo de 2009

La Política del Siglo XXI: Caso Valencia, y el Pico y Placa


Resulta increíble pensar, como a pesar de estar viviendo una época de aceleradas transformaciones y donde el conocimiento científico y el desarrollo tecnológico se yerguen como las fuerzas impulsoras e indiscutibles del desarrollo, la gran mayoría del proceso de toma de decisiones de políticas públicas en nuestro País sigue signado por el ciego apego a ideologías y a dogmas con casi de dos siglos de obsolescencia. En este contexto, los políticos tradicionales y sus escenarios de poder, resaltan como los sectores de nuestra sociedad con el pensamiento y accionar más arcaicos, desfasados, improductivos e ineficientes de nuestra sociedad. Nuestros políticos en su gran mayoría carecen de formación científica y tecnológica (y otros tantos, carentes de cualquier formación), están completamente desconectados de las verdaderas y grandes revoluciones que estamos experimentando y se encuentran desprovistos de una visión de futuro coherente con el fascinante y complejo momento histórico que no has tocado vivir.


Esta situación de la clase política venezolana, se debe observar bajo la mirada agravante de que en ellos recaen las más grandes responsabilidades de la nación al estar frente a las instituciones del estado, siendo quienes deben afrontar el reto de dar solución a los abundantes problemas públicos y decidir las políticas que pueden llevar al éxito o al fracaso de nuestro País. A la luz de esta realidad debemos preguntarnos: ¿cómo debería ser la Política del Siglo XXI?. Trataré de responder a esta pregunta desde mi punta de vista en sucesivos post, pero quisiera empezar con un ejemplo muy concreto, el problema de congestionamiento vial en Valencia y una posible aplicación del sistema de parada obligatoria Pico y Placa, no disertando sobre la conveniencia o no de dicho plan, sino sobre la forma de cómo debería abordarse el problema.

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viernes, 22 de mayo de 2009

Conclusiones: Repensar la Humanidad

Transhumanismo: Un Nuevo Renacimiento (y V)

"La Humanidad será radicalmente cambiada por la tecnología en el futuro. Nosotros prevemos la posibilidad de rediseñar la condición humana, incluyendo parámetros como la inevitabilidad del envejecimiento, las limitaciones de los intelectos humanos y artificiales, la psicología indeseada, el sufrimiento y nuestro propio confinamiento al planeta Tierra”.
1er Postulado de la Declaración Transhumanista



La imperativa responsabilidad de repensar el rumbo de la sociedad a luz de las nuevas posibilidades que depara el presente y futuro, requiere necesariamente un replanteamiento de las más profundas cuestiones filosóficas que puedan dar origen a un sustento conceptual y espiritual que permita la transición hacia una nueva etapa de la Humanidad. Los profundos cambios que han comenzado a gestarse propiciarán el anacronismo de los sistemas morales (y hasta religiosos) establecidos, pudiéndose correr el riesgo de transitar a toda velocidad por la autopista del cambio sin el más mínimo punto de referencia ético que pudiera evitar un eventual desastre.

¿Pero donde pudiera encontrarse las bases de un nuevo sistema filosófico que pudiera estar desprovisto de la visión etnocentrista, dogmática o fundamentalista que han caracterizado a la mayoría de los corrientes de pensamiento dominantes en la historia, y que al mismo tiempo tuviera la virtud de ser tan flexible que pudiera servir de referente ético y moral para los tiempos por venir?. Si realmente existe mas allá de nuestros prejuicios culturales conceptos como la ética y la moral, es en lo profundo de la propia realidad natural donde debemos buscar su existencia intrínseca. Es decir, encontrar las raíces naturales de tales conceptos, los despojarían del carácter relativo que tanto valor le restan, para convertirlos en un absolutos naturales, quizá abriéndose así el camino para en un futuro armonizar en un solo cuerpo de ideas el conocimiento y la espiritualidad, la razón y la moral. Ello constituiría la brújula esencial para navegar en el ilimitado mar de oportunidades en el que estamos empezando a navegar.

No hay duda de que somos privilegiados al ser quizá la primera generación con la posibilidad real de asumir tan grandes desafíos y tener posibilidades reales de enfrentarlos exitosamente. Quienes tengan la capacidad de prever los poderosos y profundos cambios que están por venir, y quienes tengan el talento y valor suficientes para afrontar estas cuestiones hoy, serán recompensados por el mañana.

La Asociación Transhumanista Mundial [10] pareciera haber comprendido el llamado de la historia y estar sentando las bases filosóficas que permitirán el Renacimiento de la Humanidad. Han comenzado el debate haciendo un esfuerzo por que cada día los conocimientos científicos y las posibles implicaciones de ellos sean más accesibles a la población, logrando así hacerla más crítica y consciente de su papel protagónico e intransferible en la definición y construcción de nuestro futuro.

Ahora que estamos por llevar la vida más allá de la Tierra, debemos llevar lo mejor de nosotros y no volver a cometer los errores del pasado. Hoy más que nunca, es necesario agrupar las mentes más brillantes en todas las áreas del conocimiento para afrontar pioneramente el estudio y análisis de todos los riesgos y oportunidades que conllevan los cambios por venir. No creo que pudiera existir compromiso mas importante que con la humanidad misma o sus descendientes. Es por tanto el más alto deber y responsabilidad de aquellos que están en capacidad de aportar algo significativo a la construcción de ese futuro velar por el más elevado uso de nuestro conocimiento a favor de nosotros mismos.

El Transhumanismo, como corriente filosófica, sin duda tiene el potencial de convertirse en una de las contribuciones intelectuales más importantes de todos los tiempos. Como fenómeno evolutivo, será la extraordinaria e histórica transición hacia las Posthumanidad. Esencialmente, es el camino hacia el Nuevo Renacimiento, donde usaremos la magia de nuestra tecnología para aventurarnos más allá de los límites de los posible y llegar hasta lo imposible.

VI). Referencias:

[1] Sandage, A. 1989, “Edwin Hubble 1889-1953”, J. Roy. Astron. Soc. Can. 83, 351

[2] Stachel, John. 2005, “El año milagroso de Einstein”. Colección Drakontos, Editorial Crítica.

[3] Khun, Thomas. 1971, “La Estructura de las Revoluciones Científicas”. Fondo de Cultura Económica, México.

[4] Sagan, Carl. 1999, “El Cerebro de Broca”. Editorial Crítica, Barcelona, España.

[5] Chua, K.F. y colaboradores. 2005 , “Mammalian SIRT1 limits replicative life span in response to chronic genotoxic stress”. Cell Meatb. Jul;2(1):67-76.

[6] Bodnar A.G. y colaboradores. 1998, “Extension of life-span by introduction of telomerase into normal human cells”, Science 279, pp. 349-352

[7] Dawkins, Richard. 2000, “El gen egoísta”. Salvat Editores, S.A., 2ª edición, Barcelona, España.

[8] Drexler, K. Eric, 1986 “Engines of Creation”. Anchor Press/Doubleday.

[9] Vinge, Vernor. 1993, “The Coming Technological Singularity: How to Survive in the Post-Human Era”, Whole Earth Review.

[10] World Transhumanist Association - http://www.transhumanism.org/



viernes, 15 de mayo de 2009

Nubes grises y aguas turbulentas: Sobre algunos peligros de nuestro futuro Transhumano

Transhumanismo: Un Nuevo Renacimiento (IV.I)

“El conocimiento científico y el progreso tecnológico es por si mismo neutral. Si uno quiere ser egoísta, codicioso, intolerante y hacer cosas violentas, la ciencia y la tecnología te proveerán por mucho de la forma más eficiente de hacerlo. Pero si uno quiere hacer el bien, resolver los problemas del mundo y progresar en el buen sentido de la palabra, tampoco hay mejor manera de hacerlo que a través de la ciencia.”
Richard Dawkins

En la historia humana ha sido una constante el uso o aplicación casi inmediata de las nuevas tecnologías al desarrollo de instrumentos de guerra, desde el descubrimiento del fuego hasta la energía nuclear. Lo que no ha sido constante es el daño potencial que, no sólo al enemigo sino a nosotros mimos, son capaces de producir estas armas, el cual aumenta con la misma velocidad que lo hace nuestro conocimiento.

IV.I) Un viejo problema "nuevo"






En el siglo pasado la Humanidad concientizó por primera vez en su historia, la posibilidad real de enfrentarse al exterminio por causas no naturales, ante el peligro de una eventual guerra nuclear. Si bien la amenaza no ha desaparecido y probablemente nunca ha de desaparecer, es también cierto que la humanidad ha tomado conciencia de las desgraciadas consecuencias de su uso y proliferación como parte integral del armamento de las naciones. Para ello no bastó solamente estar al borde de la catástrofe, sino también constatar sus nefastos efectos al ser usada eficientemente en la muerte de al menos 100.000 personas en pocas milésimas de segundo.

Por lo tanto, ahora que el desarrollo de las NBICs nos ofrece un horizonte nuevo de posibilidades debemos estar lo mas concientes de las potencialmente catastróficas consecuencias de su aplicación en tecnologías bélicas. Actualmente la nanotecnología se perfila como la más novedosa y promisoria vertiente de desarrollo en tecnología bélica, como lo demuestra el reciente surgimiento de institutos militares especialmente dedicados a su estudio y desarrollo, así como el aumento de las contribuciones económicas aportadas por las agencias militares a su estudio .

Acciones como estas que pueden y de seguro serán seguidas por acciones similares en la mayoría de los países desarrollados del mundo, surgiendo una carrera armamentista hacia el poderío militar en la nanoescala, haciendo factible pensar que la próxima gran tragedia en enfrentamientos bélicos pueda no ser debida a la acción ionizante de las especies radiactivas sino a la acción de nanoarmas de destructiva masiva, es decir, por la destrucción a escala molecular producida por miríadas de nanobots.

Ya un escenario apocalíptico donde los nanobots producen la extinción de la vida del planeta ha sido vislumbrada por Eric Drexler [8], uno de los pioneros de la nanotecnología. Según esta visión llamada “grey goo”, los nanobots producen una ecofagia global vía replicación descontrolada, agotando los recursos naturales del planeta. Si bien podríamos aun estar lejos de una posibilidad real de dicho escenario, nuestra especie debería pronunciarse al respecto mucho antes de haber llegado a tal punto.

Nuestra inteligencia aunada al conocimiento de nuestro pasado reciente, debería ser suficiente para prevenir el desarrollo de armas nanotecnológicas a gran escala. Es una responsabilidad ética y moral de todos aquellos que son capaces de entender las graves implicaciones y nefastas consecuencias que podrían tener en el curso de la vida en nuestro planeta, el emprender desde ahora acciones que permitan prohibir a nivel internacional el desarrollo y uso de armas basadas en la nanotecnología. Es un deber de este generación reunir a las mentes más visionarias de todas las disciplinas del conocimiento para debatir, desarrollar e impulsar un documento antes los organismos internacionales que pueda servir de precedente o allanar el camino hacia un futuro Tratado de No Proliferación de Armas Nanoatómicas.

No debería hacer falta nuevamente la conjunción histórica de la tríada suicida, que a manera de triángulo de advertencia, ya en el pasado se erigió ante nosotros: un desastre local causado por el uso de dicha tecnología, la posibilidad de un conflicto de escala mundial y una posible catástrofe global a partir de este. Un Tratado de No Proliferación de Armas Nanoatómicas debería, por el bien de todos, hacerse realidad mucho antes que las armas que pretende prohibir.


IV.II) El Resurgimiento de los demonios extintos







También el siglo XX fue testigo de una de las mayores atrocidades vistas en la historia, donde unos pocos poderosos, basados en una pretendida superioridad racial, tomaron la decisión de asesinar a millones de seres humanos los cuales eran supuestamente depositarios de una inferioridad natural. Mas grave aún fue que se pretendió justificar lo injustificable en base a falsos hechos proporcionados por las pseudociencias entonces imperantes, que sugerían la superioridad de una “raza” por encima de otra, de la cual para ellos se desprendía, que tal genocidio era una “buena causa” en favor del desarrollo de “toda” la humanidad.

Es posible, que también en el futuro, existan quienes pretendan declarar la superioridad de algún grupo étnico por encima del resto del mundo, y que busquen asidero en el nuevo conocimiento del genoma humano para emprender nuevas “cruzadas purificadores” a favor de la especie. Dicho peligro se ve agravado con la posibilidad de que, en esta ocasión, si pudieran encontrarse (aunque probablemente insignificantes) algunas predisposiciones genéticas que puedan favorecer en algunos aspectos a algunos grupos sobre otros, pero que en todo caso pudiere servirles de excusa o motivo de sus acciones. Incluso no sería necesario un nuevo holocausto para que el problema de la discriminación genética pudiera tener fuertes y negativas consecuencias sociales. Mucho antes de la aparición de los Posthumanos, la información genética de cada persona podría ser usada como mecanismo de discriminación y exclusión, al requerirse para ciertos trabajos y beneficios, un “estándar de calidad genético” a cumplir.

Pero mas allá, este peligro realmente se vuelve absolutamente relevante de cara a los futuros cambios que las biotecnologías puedan incluir en nuestro genoma, lo cual en función de las características sociales de la época en la que se desarrolle dicha transición, podrían ser solo accesibles a un grupo minoritario de la población, dentro de la cual pudiera resurgir del demonio del racismo. La diferencia fundamental sería que en esta oportunidad, la proclamada superioridad (en su sentido más amplio) de unos sobre otros, si pudiera estar fundamentada en hechos científicos.

IIV.III) Nosotros y Prometeo

La posibilidad real de dar un uso inadecuado a las nuevas tecnologías emergentes radica en un antiguo problema que ha venido surgiendo principalmente en el siglo XX, y que sin duda, se acrecentará exponencialmente en las próximas décadas: la creciente diferencia entre nuestra habilidad de generar conocimiento y nuestra capacidad de reflexionar sobre él.

La aceleración de la historia es un hecho fáctico que es posible constatar en el día a día. Los cambios se suceden a cada vez mayor velocidad, pero nuestra capacidad de respuesta ante ellos no, lo cual nos enfrenta a una paradoja. Un conductor responsable sabe que cuanto más rápido conduce más lejos necesita ver (dado que el tiempo que dispone para evitar una colisión es inversamente proporcional a su velocidad), pero nosotros necesitamos no solo ver sino observar y reflexionar sobre las formas posibles de esquivar los posibles baches en el camino, los cuales tal si fueran espejismos, pueden cambiar de forma a medida que nos acercamos a ellos, solo que podemos tener la certeza de que fueren como fueren, estarán allí a su debido tiempo.

La singularidad prevista por Vernor Vinge [9] parece estar cerca, y aún a nuestras espaldas yacen las preguntas de orden ético, filosófico y moral que traen los nuevos tiempos, retumbando con y cada vez mayor fuerza. Los adelantes en biotecnología, nanotecnología, informática y las ciencias cognitivas, así como sus interrelaciones y posibles aplicaciones destinadas a la mejora de nosotros mismos, plantean interrogantes vitales que de seguir avanzando sin darle repuestas irán sin duda socavando el camino de nuestro desarrollo, y posiblemente, de nuestra supervivencia (o la de nuestros descendientes) a largo plazo.

¿Cuántas modificaciones de nuestro genoma son aceptables?, ¿Cuántas capacidades sería correcto añadirnos?, ¿sería justo competir entre quienes han extendido sus capacidades naturales y quienes no?, ¿Quiénes podrían extender sus capacidades y quienes no?, ¿tendrían estos menos derechos?, ¿estaría relegados estos últimos a los designios de los primeros?, ¿a partir de que punto ya no sería alguien considerado humano?, ¿Cuáles principios darán soporte filosófico a los nuevos humanos?,¿Sería ético subdividir la especie?, ¿sobrevivirán los concepto de ética y moral a esta transición?, en última instancia ¿Qué son la ética y la moral… y que somos nosotros?.


sábado, 9 de mayo de 2009

Rumbos Posibles: Sobre el pensamiento paralelo y el surgimiento de los Multividuos

Transhumanismo: Un Nuevo Renacimiento (III.II)



El intercambio masivo de información es una de las características principales de la época actual. Sin hacer énfasis en el enorme flujo de información circulante entre las empresas y los centros de investigación, a nivel personal, hoy en día con un teléfono celular (o más en general un dispositivo móvil) es posible estar en contacto con cualquier persona en el mundo, acceder y poder hacer búsquedas en Internet, registrar audiovisualmente cualquier acontecimiento y hasta publicar dicho contenido en tiempo real en nuestras páginas personales, y con ello hacerlo visible al mundo entero.

Este fenómeno, que ha sido uno de los principales catalizadores de la globalización, entre tantas cosas ha permitido que individuos radicados en lugares opuestos del mundo, con culturas muy diferentes en incluso, estatus económico disímiles, puedan interactuar como iguales y descubrir que tienen un sinnúmero de elementos afines entre sí. Ello ha dado origen al surgimiento de comunidades virtuales que agrupan personas en base a sus ideas e intereses, organizaciones no gubernamentales con miembros esparcidos en todo el mundo e incluso ha permitido el surgimiento de movimientos sociales transnacionales.

Sin embargo, la convergencia de las NBIC y en particular su aplicación directa en extender nuestras capacidades cognitivas, permite imaginar el enorme impacto que tendrá la posibilidad de transmitir y procesar información de forma instantánea y sin “intermediarios”, pudiendo trasformar no solo la forma en como los individuos se organizan dentro de la sociedad, sino incluso redefinir los propios conceptos de individuo y sociedad. (ADVERTENCIA: a partir de aquí contenido altamente especulativo, se sugiere tomar las debidas precauciones al respecto.)

Hasta ahora el intercambio de información ha estado severamente restringido por varias razones: principalmente la necesidad de usar interfaces, la velocidad de su procesamiento e interpretación, y sobre todo, el tipo de información susceptible de ser transmitida, constituyendo todos estos mediadores y filtros a la vez, que de poder eventualmente omitirse, darían origen a una revolución sin precedentes en las interrelaciones “humanas”.

Por ejemplo, para superar nuestras limitaciones en la velocidad de procesamiento y almacenamiento de información, la nanotecnología podría crear interfases moleculares entre nuestras neuronas y los circuitos digitales, permitiendo el intercambio directo de información entre estos y con ello, abrir la posibilidad de transferir naturalmente tareas de nuestros cerebros orgánicos a los cerebros inorgánicos. Se podrían multiplicar nuestras capacidades de cálculo programando nuestros algoritmos mentales directamente en nanoprocesadores, o superar lo límites de nuestra memoria natural al almacenar la información en memorias de estado sólido no volátiles, que al estar integrada a nosotros mismos, pudiera ser accesible inmediatamente en la medida de ser requerida por nuestras pensamientos.

Ello sería aún más necesario si consideramos que la biotecnología podría mejorar genéticamente nuestras capacidades naturales y en última instancia, dotarnos de algunas otras que la evolución obvió en su “diseño”. En ambos casos, ya sea por el aumento de la sensibilidad de nuestros sentidos o por la inclusión en nosotros de nuevas formas de interactuar con la realidad, implicaría un aumento masivo de la información que así obtendríamos del mundo exterior, y que por tanto nos demandaría una mayor capacidad de procesamiento y almacenamiento de información.

El Neurólogo Paul McLean postuló la teoría según la cual cerebro humano estaría estructurado por tres partes o capas: la reptílica, donde residirían nuestros instintos animales y las necesidades fisiológicas fundamentales; la límbica, en la cual se producirían los sentimientos y las emociones; y finalmente el neocórtex, asidero de nuestras capacidades cognitivas, y por tanto en última instancia, responsable del establecimiento y desarrollo de nuestra civilización. Sin embargo, la posibilidad de integrar directamente a nuestro sistema neurológico circuitos inorgánicos (eventualmente circuitos fotónicos ) podría originar la aparición de una nueva capa o fase de nuestro cerebro, la cual seria responsable de la mayoría de nuestras capacidades mejoradas así como la incubadora de todas aquellas nuevas que están por emerger.

Dicha integración en nuestros cuerpos de microprocesadores y dispositivos de almacenamiento capaces de interactuar directamente con nuestro sistema neurológico, en conjunto con otros nanodispositivos, abriría las posibilidades de transmitir información directamente entre personas, sin intermediarios aparentes, de una mente a otra en vivo. Esta suerte de “telepatía real”, fundamentada la extrema miniaturización de los dispositivos de telecomunicaciones y la comunicación nanomáquinas-neuronas, sería el camino hacia una interacción e intercambio masivo de información entre individuos sin precedentes. Es más, habiendo superado la necesidad de usar interfaces y nuestras limitaciones en cuanto la velocidad de su procesamiento y la capacidad de almacenamiento de información, se haría factible dar el último salto concebible (desde nuestra perspectiva) en cuanto a la comunicación: la transmisión sensitiva.







Por un tiempo, la humanidad usó como principal forma de comunicación la radio AM. Luego descubrió que modulando la frecuencia en vez de la amplitud de las ondas electromagnéticas, podía no solo mejorar la calidad del audio transmitido sino también incluir en la misma señal, mucha información adicional. Esto fue posible al lograr utilizar los distintos modos de oscilación como distintas capas susceptibles de ser “escritas” y por tanto, de transmitir información. Este mismo principio, según el cual al incluir más información en la “señal” aumenta la “fidelidad” de lo que se quiere transmitir, podría extrapolarse hasta alcanzar la forma más fidedigna comunicación posible entre los “humanos”, aquella que permitiera transmitir no solo la información sino también parte de su procesamiento, a través de la interpretación personal y emotiva que pudiera tener cada individuo.

Hoy en día sabemos que las emociones, sentimientos e incluso, hasta las experiencias de carácter religioso, que conforman el enorme y rico conjunto del universo psíquico y espiritual humano, tiene su base fisiológica en distintas configuraciones de actividad de las neuronas en nuestro cerebro [4]. Sabemos que si bien estas intrincadas interacciones son hasta el momento muy difíciles de describir en detalle, estas dan origen a patrones bien definidos y reconocibles que permitirían describir inyectivamente el espectro de emociones humanas.

Dicho conocimiento ha permitido comenzar a realizar experimentos que tratan de inducir emociones mediante la estimulación directa de ciertas regiones del cerebro, aquellas donde es sabido se activan cuando dicho estado emotivo es alcanzado naturalmente, obteniéndose resultados muy interesantes y hasta polémicos . De modo que si partimos del hecho que el conjunto de emociones humanas tiene una base fisiológica como configuraciones de actividad cerebral, serían por tanto susceptibles de ser medidas y registradas, y eventualmente, reproducibles .

El lograr transmitir a una persona no solo la información referente a algo sino también el conjunto de emociones e interpretaciones que de ellas puedan derivarse en otra persona, constituiría el nivel máximo de intercambio de información posible desde una perspectiva “humana”. Imaginemos por un instante, que en vez de solo leer una poesía, pudiéramos a la par de los nuestros acceder también a literalmente los sentimientos y emociones de quien la hubiera escrito. Imaginemos que un artista posthumano registrara sus estados emotivos al crear una pintura y que luego los ofreciera, junto a la obra misma, como parte integral de su creación. Imaginemos que al ir un concierto de música clásica, no solo pudiéramos escuchar las notas y los acordes de una gran sinfonía, sino intercambiar directamente entre los asistentes y los músicos, nuestras emociones al escucharlas y/o ejecutarlas, siendo así todos partícipes de la creación de una gran sinfonía con algo más que música, una emosinfonía.

Además de abrir la posibilidad para un mercado de emociones donde las personas podrían acceder a los estados emocionales de grandes deportistas, artistas, etc. y descargarlas de la red directamente a su tecnocortex, tal como hoy hacemos con la música a nuestros discos duros (lo cual no sería más que la extrapolación última de nuestro actual mercado de entretenimiento), podríamos incluso especular que varios siglos adelante, cuando exista la posibilidad real de comunicar instantánea y directamente información, pensamientos y emociones entre individuos, es decir metainformación, podría surgir un proceso de redistribución de las funciones cognitivas (que hasta ahora habían sido exclusividad de cada individuo) entre varios sujetos.

Al igual que los sistemas termodinámicos que al estar en contacto e intercambiar energía, tienden a un estado de equilibrio, es probable que los individuos que estuvieren intercambiando continuamente metainformación tiendan asimptóticamente a un estado de homogeneidad tal que las diferencias particulares (que en su mayoría son producto de las experiencias individuales y las diferencias culturales de cada individuo) tiendan a desaparecer, y con ello, también tiendan a desvanecerse los vestigios de la identidad en pro del surgimiento de una identidad colectiva o distribuida que seria común a los sujetos que lo integren, dando origen a los primeros multividuos.

Los multividuos podrían ser el resultado último de las fuerzas de la selección natural que han operado durante millones de años en nuestro planeta. Estos se verían altamente favorecidos de lograr sumar a un nivel tan esencial las capacidades de cada individuo que lo integran, logrando compensar entre sí las posibles debilidades de cada uno. Además los multividuos tendrían la información que fuere accesible a los sentidos de cada uno de sus miembros, logrando en efectos prácticos, la ubicuidad de cada conciencia, o tambien se pudiera decir, logrando la omnipresencia de la conciencia compartida emergente.

III.III) Sobre el camino y sus bifurcaciones

Un breve ejercicio imaginativo puede mostrarnos que aún partiendo de la senda ya trazada, tan solo dando unos pocos pasos, podemos encontrarnos muy lejos del camino que nos es familiar. Incluso tan lejos que ningún mapa conocido podría servirnos como guía, y un fuerte sentimiento de extravío y desesperación puede invadirnos. Aun más si consideramos que a cada paso se nos presentan tantos caminos posibles como las bifurcaciones en los fractales de Maldelbrot, surge la imperativa necesidad de encontrar una brújula fundamental de la cual hacernos para guiar nuestros pasos en estos territorios inexplorados.

Hasta ahora en este ensayo no se ha pretendido juzgar bajo ningún criterio moral la conveniencia o no de las ideas expuestas ni sus posibles implicaciones. Sin embargo del mismo ejercicio se desprenden posibilidades que bajo ninguna ambigüedad, se nos presentan como grandes y fuertes amenazas que, en orden de poder tener una visión holística y profunda de nuestro posible futuro, han de ser tratadas necesariamente.

Al igual que lo navegantes, que aún encontrándose en mansas aguas no han de poder ignorar la nubes grises en el horizonte, no podemos tampoco obviar las potenciales tormentas que podríamos enfrentar en el futuro, como producto de las amplias posibilidades que nos deparan nuestro desarrollo tecnológico.