sábado, 11 de septiembre de 2010

Un Nuevo Orden Social (II)

Cimentar las bases de un nuevo orden social en la ciencia y en la razón, más que en la política y en la subjetividad, pudiera parecer a muchos, en el mejor de los casos, una petulante pretensión desmesurada, y en el peor, un argumento digno de ser analizado por los profesionales de la psiquiatría. Esto debido principalmente al poderoso paradigma de la Dualidad, el cual impera tácitamente en todos los órdenes de nuestra sociedad y según el cual, en síntesis, nosotros y la naturaleza pertenecemos a reinos diferentes e inmiscibles de la creación.

Más aún, hay quienes sitúan el origen de los problemas de nuestra sociedad contemporánea, precisamente en la fuerza fundamental de su desarrollo, el pensamiento racional de la ciencia. El Prof. Emeterio Gómez rastrea las causas de la crisis más de 2000 atrás con el nacimiento de la Filosofía Occidental. Su tesis se apoya en la pequeña pero trascendetal observación de Hume, según la cual la razón no puede penetrar la dimensión de lo humano y que por tanto la realidad moral está fuera del alcance de toda racionalidad. En sus propias palabras:


Si la Razón sólo sirve para captar el mundo exterior al espíritu, si no puede ayudarnos a entender nuestra propia realidad moral, la mas importante, la que realmente cuenta, entonces obviamente estaríamos a las puertas de una inmensa crisis intelectual y moral.”- ¡Exactamente la que hoy estamos viviendo!
…. “estoy seguro de que una pequeña reflexión sobre esto subvertiría todos los sistemas corrientes de moralidad, haciéndonos ver que la distinción entre vicio y virtud, ni está basada meramente en relaciones de objetos, ni es percibida por la razón.”

En otras palabras, el gran problema de nuestra civilización es que la moral sobre la cual se dice regir, no puede sustentarse en la razón, dado a que lo moral (y lo humano y/o espiritual en general) no es susceptible de ser estudiado racionalmente, es decir, científicamente.

Aceptar la existencia racionalmente inconexa del cuerpo y del “alma”, de la materia y la concsiencia, de lo natural y de lo humano, implica necesariamente aceptar la imposibilidad de comprender la dimensión humana y/o social en los términos y con la misma profundidad de las ciencias naturales, y por ende, reducir a las ciencias sociales a la mera descripción cualitativa de los fenómenos sociales y a la formulación de especulaciones subjetivas, que muy poco contribuyen a encontrar soluciones reales a los problemas existentes. Es decir, el suponer que los problemas derivados de las interrelaciones humanas globales no son susceptibles de ser estudiadas y entendidas en términos científicos, negándose por tanto la existencia de referentes objetivos y absolutos, conlleva al nefasto relativismo según el cual “todo vale” y las cosas dependen del “cristal con que se les vea”. Este “relativismo moral”, que está sujeto a las ideologías y prejuicios de moda en cada época así como al líder carismático de turno, es a mi juicio, la raíz fundamental de la crisis de nuestra civilización.




En mi opinión la tesis del Prof. Emeterio se acerca muchísimo a la raíz del problema, pero falla al suponer la inevitabilidad de la crisis bajo el yugo del paradigma de la dualidad. Es decir, parte de una premisa falsa al suponer que lo natural y lo humano pertenecen verdaderamente a dominios independientes de la realidad, y que por tanto es inaccesible a la razón, esa que por medio de la ciencia ha permitido y de la cual depende cada día más la subsistencia de nuestra especie.

Contrariamente, lo si que puede es estar temporalmente fuera del radio de acción de los modelos existentes y de su grado de desarrollo, pero ello tan solo es una limitación momentánea que depende de la cantidad de conocimiento acumulado en una época determinada y de las herramientas de estudio que estén disponibles en ese entonces. Sin embargo, con el transcurrir del tiempo y con el incremento de nuestra comprensión del universo, junto al desarrollo de modelos cada vez más complejos y de herramientas cada vez más poderosas, inexorablemente llegaremos al punto en el cual ningún ámbito relevante de nuestra existencia dejará de ser posible de estudiar científicamente.

Por tanto, la búsqueda de un nuevo orden social debe necesariamente buscar en lo profundo de la realidad natural la demostración lógica y científica de la existencia intrínseca del “bien”, de lo “moral” y lo “correcto” en la naturaleza. Si tales significados han de existir por sí mismos (como es mi creencia) su descubrimiento y/o formulación en términos objetivos constituiría una de los mayores logros científicos y de mayor trascendencia para la humanidad. Ello permitiría legitimar el bien más allá de cualquier visión etnocentrista, ideológica, dogmática, fundamentalista e incluso religiosa o mística. Es decir, encontrar las raíces naturales de tal concepto, lo despojaría del carácter relativo que tanto valor le resta, para convertirlo en un absoluto natural, quizá abriéndose así el camino para en un futuro armonizar en un solo cuerpo de pensamientos la ciencia y la religión.

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